Uno llega a esta altura y el aire toma otro vuelo y las palabras ligeras tiernas pesadas adquieren una presencia. Uno abre de pronto la ventana se asoma a la tarde y no ve solamente el sol esa nube rosada aquel cielo liso, ve el silencio sobre todo el silencio cruzando encendido.
Hay que mirar mas allá del horizonte y mirar desde afuera para adentro. hay que mirar la mañana, y descubrir el ángel en la noche. Hay que mirar los asombros cotidianos, disolverse en el cielo del cielo, y ver un arco iris en las lágrimas...Por allí pasa el amor, eternamente esperanzado.
Todo vuelve otra vez todo inicia en la luz su juego claro. Ojos cayendo sobre el rio un ombu solitario el recuerdo desgarrando la palabra. No encuentro ahora en esta tarde de domingo mas que un cielo de cine una caida triste un desierto constante. Vuelvo, otra vez a lo que no se elige.